Sobre mí
Hola, soy Marina
Mi camino empezó mucho antes de saber que era un camino.
Quién soy
Soy Marina, fundadora de MatrīChandrā.
Y antes de ser nada de esto, fui una niña con signo solar y ascendente en Escorpio, luna en Leo… y una atracción por lo oculto que no sabía nombrar.
Crecí en una casa donde la energía y la sanación siempre estuvieron presentes. Recuerdo que delante de la casa de mis abuelos, donde pasé la mayoría de mi niñez, había una pequeña tiendita que se llamaba Hablando en Plata. En ella había tesoros: objetos sagrados, brujitas, piezas de la India…
Cada vez que terminaba mi clase de sevillanas en el local de al lado, entraba allí. Guardaba mis ahorros para comprar algún pequeño amuleto que me llamara.
Sin saberlo, ya estaba aprendiendo a habitar el mundo de los símbolos, los rituales y lo invisible. Leía libros sobre lo que la mayoría llamaba «raro» como otros leen novelas.
Pero ser sensible a lo invisible no me protegió de la vida. Al contrario.
Lo que me trajo aquí
La coraza que también me alejaba
Atravesé una separación familiar caótica siendo pequeña. Y aunque parezca lejano, esa herida marcó la forma en la que aprendí a estar en el mundo: hacia fuera, siempre hacia fuera.
Pasé años trabajando muchísimo. Demasiado. Viví en distintos lugares por motivos laborales, atravesé rupturas amorosas que me partieron en dos. Y cada vez que la vida me rompía, yo resurgía como el ave fénix, sí, pero también me enterraba más en el trabajo.
Porque trabajar era mi escudo y mi forma de buscar validación externa: cuanto más trabajaba y mejor era en lo que hacía, más valía. No estar en casa era mi forma de no enfrentarme a lo que pesaba.
Me costó años darme cuenta de que esa coraza que me sostenía también era la que me alejaba de las personas que amaba. Que mi distancia con la familia, mi frialdad en algunas relaciones, mi huida constante… eran formas de protegerme del dolor. Y que estaba pagando un precio muy alto por no mirar adentro.
Empecé un camino de búsqueda que me llevó por muchos lugares hasta encontrar el mío: uno que integra cuerpo, energía y presencia.
Y mientras me sanaba, no podía parar de estudiar. Acompañaba a mi gente cercana de forma natural, pero nunca me imaginé haciéndolo profesionalmente.
El momento que lo cambió todo
Un sueño, un susto y la certeza de mi misión
En 2024, durante un retiro de 7 días, se me mostró el camino donde yo no quería mirar.
En un sueño, me vi a mí misma en un lugar como aquella tiendita que visitaba de pequeña. Pero en ese lugar, además, me encontraba sosteniendo. Acompañando. Siendo el espacio que de niña tanto me había llamado.
Y comprendí con claridad mi misión, la que mi alma había venido a hacer a este mundo: acompañar a otros.
Pero seguía teniendo un buen trabajo, una vida montada, una zona de confort. Cambiarlo todo me parecía impensable.
Hasta que un susto en la carretera fue el detonante del peor episodio de ansiedad de mi vida.
Fui al médico. Pedí ayuda.
Salí de la consulta con una receta en la mano y un vacío enorme por dentro. Nadie me había preguntado qué me pasaba de verdad. Nadie había mirado más allá del síntoma.
Yo quería sanar.
Y por primera vez, en lugar de callar lo que mi cuerpo me estaba diciendo, decidí escucharlo.
No quería anestesiar mi ansiedad. Quería entenderla. No quería volver rápido a la vida de antes. Quería descubrir qué me estaba pidiendo mi cuerpo con tanta intensidad.
Quería ir a la raíz.
Volví a mi camino, a mis terapeutas, a mis chamanes. Durante esos meses puse en práctica todo lo que había aprendido durante años, y por primera vez lo miré todo con honestidad: cada lugar donde no estaba viviendo en coherencia.
Así que abracé esa ansiedad y caminé con ella de la mano durante unos meses. Le di espacio. La escuché. Y desde ahí, todo empezó a colocarse.
Era el momento de creer en mí. Por suerte, mi pareja, mi familia y mis amigos ya lo hacían mucho antes que yo.
Así que un día busqué y encontré un local. Y a pesar del miedo, di el paso.
Y así nació MatrīChandrā: con miedo, con amor, y con la certeza profunda de que estaba haciendo exactamente lo que vine a hacer.
Cómo trabajo en MatrīChandrā
Un pie en lo ancestral, otro en la neurociencia
MatrīChandrā es más que un espacio: es una comunidad. Aquí acompaño procesos personales reales, sostengo lo que necesita ser sostenido y comparto camino con personas que están volviendo a ellas mismas. Y también es un lugar interno al que puedes volver siempre que lo necesites.
Trabajo desde la convicción de que la sanación real necesita las dos manos: la de las tradiciones ancestrales, que llevan miles de años acompañando procesos humanos, y la de la neurociencia moderna, que nos permite entender qué le pasa al cuerpo y cómo gestionarlo.
Integro trabajo somático, breathwork y sanación chamánica, entre otras disciplinas, para facilitar en el cuerpo procesos profundos de liberación neurovegetativa.
Gran parte del malestar que traemos vive en el sistema nervioso. Y el sistema nervioso tiene memoria ancestral: guarda lo que tus abuelas callaron, lo que tus padres no supieron nombrar, lo que tú aprendiste a esconder para sobrevivir.
Cuando el cuerpo lleva tiempo en modo alerta, hay que darle las condiciones para soltar de verdad. Porque hay cosas que la mente no puede resolver: hay que entenderlas desde el cuerpo, dejarlas atravesarnos, descargar lo que arrastramos desde mucho antes que nosotros. Y volver a habitarnos con presencia.
Y también trabajo desde la cosmovisión andina, con la que tengo un vínculo profundo desde hace años. La cosmovisión andina entiende la vida como un tejido vivo donde todo está conectado: la tierra (Pachamama), las montañas (Apus), el agua, el fuego, los seres humanos y los ancestros.
En este marco, sanar no es arreglar algo roto: es vivir en coherencia. Coherencia con quien eres, con lo que tu cuerpo te está mostrando, con lo que sientes, piensas y haces. Coherencia con lo que te sostiene: la tierra, los tuyos, tus ancestros. Es volver a casa. A tu hogar.
No creo en fórmulas universales. Cada persona trae su historia, su cuerpo, su ritmo y su momento. Mi trabajo es escucharte, leer lo que pide ser mirado y elegir contigo las herramientas que mejor acompañan tu proceso.
No te encajo en un protocolo: te acompaño.
Y, sobre todo, acompaño desde haber pasado yo misma por muchos de los procesos que sostengo. Sé lo que es vivir en piloto automático. Sé lo que es huir hacia adelante. Y sé lo que es atreverse a mirar adentro.
Por eso creo espacios seguros donde poder soltar, comprender y volver a ti. Porque también yo necesité ese espacio una vez.
Mi objetivo: aprender a habitar el cuerpo con escucha y presencia. Ese es el eje de todo lo que hago.
Si algo dentro de ti dice sí, escríbeme.
Puedes escribirme por WhatsApp sin compromiso. Cuéntame brevemente qué estás viviendo y hablamos. A veces, la primera conversación ya empieza a mover algo.
Cojo tu mano y vamos juntos.
Escribir a Marina →Las terapias y experiencias de MatrīChandrā son prácticas de bienestar complementarias. No constituyen actos sanitarios y no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.
